RESERVORIO / FUENTES DE EXPOSICIÓN / VÍAS DE TRANSMISIÓN
El principal reservorio es el hombre infectado, y raramente algunos animales (bóvidos), siendo la fuente de exposición el individuo enfermo (y ocasionalmente el animal enfermo o sus productos) cuando presenta enfermedad pulmonar o laríngea, y elimina bacilos viables al exterior.
La vía de transmisión más significativa es la aérea, por inhalación de núcleos de las gotitas de Pflügge aerosolizadas (emitidas por el enfermo sobre todo al toser y espectorar), con bacilos en su interior, capaces de mantenerse y transportarse por el aire en suspensión durante largo tiempo y alcanzar los alveolos. Las partículas de mayor tamaño precipitan sobre el suelo y objetos, pudiendo incorporarse posteriormente al aire ambiental, pero suelen ser atrapadas por el moco de las vías aéreas y eliminadas. Los animales con TBC respiratoria (vacas con M.bovis) pueden transmitirla a los
humanos también por vía aérea.
Otras raras vías descritas son:
• La transmisión aérea a través de circuitos de aire acondicionado.
• La vía cutáneo-mucosa (los bacilos depositados sobre piel y mucosas pueden invadirlas cuando no están intactas).
• La vía digestiva, por ingestión de productos lácteos contaminados no controlados sanitariamente, dando lugar a TBC intestinal sobretodo; actualmente es muy infrecuente.
• Transmisión profesional en laboratorios o mataderos por manipulación de muestras biológicas contaminadas.
• La vía transplacentaria.
Son más infectantes los enfermos con cavitaciones pulmonares, TBC
laríngea, tos intensa y frecuente, expectoración con baciloscopia positiva (BK+), así como los enfermos no tratados (se acepta que un tratamiento correcto, a los 15-20 días, elimina prácticamente la contagiosidad; y los enfermos con BK- y cultivo negativo repetidamente casi no tienen capacidad de contagiar). Hay mayor riesgo de infección en trabajadores que realizan maniobras sobre el enfermo (inducción de esputos con nebulizadores, «clapping », fibrobroncoscopias); y en los casos de mayor proximidad física y largo tiempo de exposición, sobre todo en espacios pequeños, mal ventilados, poco soleados y con insuficiente limpieza de suelos y otras superficies. No se ha demostrado la infección al aire libre. Las medidas de aislamiento aéreo del enfermo (mascarillas, etc…), los sistemas que evitan la recirculación del aire y otras medidas técnicas preventivas en el medio hospitalario, reducen en gran medida el riesgo de infección.










