PRUEBA DE LA TUBERCULINA

PRUEBA DE LA TUBERCULINA
Fundamento: se basa en la capacidad de la micobacteria de inducir una reacción de hipersensibilidad celular retardada o de tipo IV entre la 2ª y 12ª semana tras la infección. Esta reacción está mediada por linfocitos T4 sensibilizados que son capaces de reconocer de forma específica las fracciones antigénicas de la micobacteria ante la que han sido activados, y desencadenar así una respuesta frente a la tuberculina, que contiene un derivado purificado del antígeno proteico tuberculínico (PPD).
Aspectos técnicos: la tuberculina recomendada por la OMS para Europa es el PPD-RT23. Aunque están comercializadas varias concentraciones (1, 2 y 5 UT), se recomienda utilizar la que lleva 2 unidades de tuberculina (2 UT) por cada ml ( 2 UT de PPD-RT23 equivalen a 5 UT de PPD-S, el standard recomendado hace años, y que se utiliza en otros países). Los viales contienen 1,5 ml, cantidad suficiente para al menos 10 pruebas. Las condiciones de conservación más importantes son mantenerla en torno a 4ºC y apartada de cualquier fuente de luz. Por ello, mientras el vial está fuera de la nevera, se mantendrá todo el tiempo posible en su caja de cartón. Una vez abierto el vial, la estabilidad y potencia del principio activo se alteran con el tiempo, por lo que no se recomienda su utilización pasadas 24-48 horas de su apertura. Por otra
parte, se verificará siempre la fecha de caducidad del envase antes de administrarla.
Esta prueba se realiza según el método de Mantoux, que consiste en la inyección intradérmica de 0,1 ml de tuberculina que contienen 2 UT de PPDRT23.
Para ello, se utilizará una jeringa graduada en décimas de ml, preferiblemente con aguja de acero de calibre 27 de bisel corto (en su defecto, podrían utilizarse jeringas de insulina o similares). El intervalo de tiempo transcurrido entre la carga de la jeringa y la inyección debe ser el menor posible para minimizar la adsorción de la tuberculina a las paredes de la jeringa. Si se utiliza alcohol como antiséptico para limpiar la piel, debe dejarse secar completamente antes de proceder a la inyección para evitar que su penetración en la dermis afecte al resultado. Se recomienda utilizar guantes desechables, como en cualquier práctica similar.
Se introduce la aguja en la epidermis con el bisel girado hacia arriba, intentando que la punta quede intradérmica y no subcutánea, en dirección de abajo hacia arriba en la cara ventral del antebrazo (preferentemente en el antebrazo no dominante), a nivel de la unión del tercio superior con el tercio medio, en zona libre de lesiones y, si es posible, alejada de vasos. La inyección del contenido debe ser lenta y cuidadosa para evitar la salida al exterior. Si el contenido ha quedado en la dermis, debe observarse una pápula de tamaño similar a una lenteja (si no se forma, o desaparece inmediatamente tras la inyección, significa que el contenido ha difundido al espacio subcutáneo, y debe repetirse la prueba a unos 5 cm de la anterior). Se recomendará al paciente que no manipule la zona durante unos minutos para evitar que se rompa o se aplaste la pápula.
Lectura: la base de la lectura la constituye la presencia o ausencia de induración y su tamaño, que se determina como el diámetro de la induración transversal al eje mayor del antebrazo, en milímetros, mediante la técnica de Sokal. Con el paciente sentado de frente, el antebrazo apoyado sobre una superficie y el codo ligeramente flexionado, se inspecciona
y palpa la zona de inyección en busca de induración (el eritema no se considera). Para medir su diámetro transversal, con un bolígrafo (que debe tener la punta con el sistema convencional de bola) se traza una línea desde la piel sana circundante hacia el centro de la induración, desplazándola lentamente, mientras se ejerce una tracción suave en la piel que se oponga a la dirección del bolígrafo lo suficiente para evitar el desplazamiento de ésta; una vez que el bolígrafo llegue al margen de al induración se apreciará un aumento de la resistencia a su paso y entonces se levanta el bolígrafo; se practica la maniobra por el lado opuesto obteniéndose así los límites de la induración, y se procede a la medición del espacio entre los extremos internos de las dos líneas trazadas. Para ello se debe utilizar una regla milimetrada, preferiblemente pequeña y flexible.
El resultado se anotará siempre en mm (la ausencia de induración se registra como 0 mm). Siempre debe realizarse esta maniobra de medición aunque tras la palpación inicial, aparentemente, la induración sea inexistente o mínima, pues esta técnica permite descubrir induraciones pequeñas pero medibles, incluso pruebas positivas que pasarían desapercibidas
a la simple palpación. Deberá anotarse también la presencia de vesículas o necrosis, cuando se observen.
La lectura se realizará preferentemente a las 72 horas de la inyección.
Este aspecto ha de tenerse en cuenta a la hora de planificar la administración de la tuberculina, de modo que la lectura a las 72 horas coincida con un día laborable y el paciente, además, pueda acudir. Si ello no fuera posible, podría aceptarse el resultado leído entre las 48 y las 96 horas.